martes, febrero 24, 2009

Dedicado a Nadie

Visitante Nocturno

Dame oscuridad que la luz ha cegado mi piel,

dame un poco de tu aliento que el mío ha olvidado su existir,

invítame a tu reino... hazme parte de él...

que en este mundo real no puedo hacer otra cosa que intentar escapar.

De tanta inhumanidad, de los humanos que me rechazan

de las horas que me claman...

de aquel sol que me abruma y la luna que se pierde entre las estrellas...

ahora no quiero pensar... estoy exahusta...

podría dormir contigo?

tus brazos liberan mi ser...

me siento tan sola...

tan... humana.... que quisiera morir.

Eyra Wong

2004




Escribir poemas es un hábito bastante recomendable para las personas que son tímidas, pero es sumamente importante tener alguien a quién dedicárselos, de preferencia que esté vivo.

En el año de 2002, una adolescente se dedicaba a escribir historias y poemas con un trasfondo oscuro, melancólico y erótico. Con frases de súplica y ansiedad narraba historias de seres nocturnos y princesas solitarias, de inmortales y humanos, de sombras y ... muy poca luz. Sus amigos, preocupados por su aislamiento intentaron orientarla, pero no escuchó. Cada vez estaba más cansada, sus noches llenas de insomnio no le permitían recuperarse y cuando lo vencía se encontraba con pesadillas. Su llamado había alcanzado a alguien, desgraciadamente no respiraba ya.

El primer encuentro que tuvo con el ser, fue mientras se lavaba las manos al salir del baño, la puerta se abrió y al voltear se encontró con el rostro de alguien que la miraba fijamente.

Aquí citaré un fragmento de la experiencia publicada en La Casa de Kruela:

Casi cuando se cumple un año de tal suceso, un amigo me dijo que muchas veces 'llamamos' a seres sin darnos cuenta ... y le mostré uno de mis poemas, en el que menciono a un cuervo que me sigue, noche, oscuridad, y un aroma infernalmente dulce; mi poema no tenía dedicatoria, por lo tanto mi amigo sugirió que hay ciertas 'energías' o 'entes' a nuestro alrededor que 'captan' nuestras plegarias, voces, súplicas, y que los poemas que no tenían un destinatario podían haber sido captados por 'algún ser' del más allá y que ahora estaba en mi cuarto...

Un día, ese mismo amigo estaba en mi casa cuando de pronto puso cara de horror y se levantó de la silla, me dijo muy asustado (lo cual es rarísimo en él) que había visto a un 'hombre' hincado cerca de la puerta de mi cuarto, y que había levantado la vista y sonreído maliciosamente ... Mi amigo estaba pálido y pues, yo sonreí y le dije bromeando que no era nada, que ya estaba acostumbrada... A la semana vino otro amigo (NEREZZA del foro de Kruela) y vio cuando la puerta de mi cuarto se abrió sola, es decir la manija giró y la puerta se abrió de jalón.


Tiempo después se enfrentó a situaciones como ruidos a mitad de la noche, cosas que amanecían tiradas o fuera de su lugar. Los demás integrantes de la familia tuvieron experiencias pequeñas, como sonidos distantes y en ocasiones sentimiento de opresión al entrar a la habitación de la joven. Su aspecto se vió afectado por el insomnio y en poco tiempo su salud empezó a afectarse.

La gente externa que la visitaba en diversas ocasiones al salir de ahí, se vio afectada aún cuando desconocían la historia. Uno de sus amigos estuvo a punto de chocar a media noche porque un enorme perro negro se atravesó en la carretera. Otro de ellos empezó a ver sombras caminar por su cocina.

La madre preocupada por la salud de la joven llevó a un padre para que bendijera la habitación, pero no se presentaron cambios positivos. Ante esto, la joven preguntó a un psicólogo sobre la posibilidad de Esquizofrenia o alguna enfermedad psicológica que pudiera alterar sus sentidos, sin embargo en un análisis al respecto se demostró que no había síntomas que confirmaran tal padecimiento. El comportamiento de la joven en sus actividades normales era sano y coherente con su nivel académico y social, nunca se presentó en ella signo de enfermedad psicológica.

Dos ocasiones tuvo episodios conocidos como "Parálisis del Sueño" donde el sujeto despierta entre la noche y no puede moverse, sin embargo está conciente de lo que sucede a su alrededor. En la experiencia publicada relata su visión al respecto:

Después de eso, cierto día salí al cine con mis amigos (los dos anteriores) y al regresar me acosté bocaabajo de nuevo, de pronto el ambiente se tornó pesado y sentí que alguien entró a mi cuarto, después fue como si un hombre (de peso promedio) se hubiera acostado (textualmente) sobre mí y se aferrara a mi espalda fuertemente... ESTABA DESPIERTA, no fue una pesadilla... Mi amigo me dijo que rezara cierta oración cuando sintiera miedo, y así lo hice, estaba prácticamente congelada, tenía miedo... horror... de pronto, sentí que el peso desaparecía, pero no podía moverme, pasaron 10 minutos aproximadamente para que pudiera cambiarme de lugar...
La situación no mejoró con el tiempo, de hecho empeoró.

Entre otras situaciones se vieron relámpagos, esferas flotando por la habitación, objetos que se movían de lugar, puertas abriéndose y cerrándose, sombras, luces, cortinas abiertas, sombras con formas de manos, gritos, suspiros. Los perros ladrando a puntos vacíos y asustándose con nada.

Personas que durmieron en la casa, sintieron presencias a su lado, tuvieron sueños vívidos y concordaron en sensación de vacío y opresión.

El último fenómeno que se presentó fue la materialización. Una ocasión en que la joven, ahora adulta, de 23 años, llegó acompañada de un amigo a su casa; entró a su habitación y dejó la bolsa, regresó y se despidió de él con un abrazo, le dió las gracias y entró para acostarse; nada de esto es extraño, si no tomamos en cuenta que su amigo jamás se bajó del carro al dejarla.


En el año 2008, Andrés Borghi, productor argentino de cortometrajes como Otakus (2007), Bailando con el Peligro (2004), encontró en La Casa de Kruela la experiencia de la adolescente, narrando los sucesos que la acompañaban desde seis años atrás; se puso en contacto con ella y realizó un cortometraje inspirado en la historia.
El título fue "Dedicado a Nadie" originado por la teoría de los poemas sin dedicatoria que tapizaban la habitación de la joven.

La historia refleja parte de lo que sucede en la vida del personaje principal, así como algunos de los eventos que la rodean. Andrés Borghi ha seguido de cerca el caso.


A siete años y medio de la primer experiencia paranormal, la joven sigue con insomnio. Sus pesadillas se presentan cada vez que consigue dormir. Los ruidos en la habitación han invadido el resto de la casa, ya no es sólo ella quien los escucha y/o siente, sus amigos y familiares han experimentado situaciones similares y la explicación no aparece por ningún lado. Intentó comunicarse con el ser mediante escritura automática, llegaron frases sueltas y fragmentos que consiguieron solamente preocuparla más, uno de ellos fue: "Soy algo más que tu amigo".


Dejo aquí la liga a la experiencia publicada en La casa de Kruela, así como el post que publicó en el foro de Ciberanika con el seguimiento de la experiencia y especialmente el cortometraje que Andrés Borghi subió a Youtube en dos partes.





Experiencia "Visitante Nocturno", publicado en Casa de Kruela.

Seguimiento de la Experiencia, publicado en el Foro de Ciberanika.


Nyarlathotep

jueves, enero 03, 2008

Remembranzas.... Perla Guijarro y Eyra Wong

Recuerdo que llegué cansado del trabajo, me había retrasado unas horas al pasar a la librería pues debía dar una cátedra la semana siguiente al personal del hospital. Supuse que Julia habría llegado a casa antes que yo, su trabajo consistía en dar terapia a niños con capacidades diferentes y aunque su horario de trabajo era menor al mío a veces llegaba demasiado cansada y yo tenía que hacer la cena.

Ese día abrí la puerta con dificultad, tenía las manos ocupadas y tropecé con unas velas celestes en el suelo, mi zapato terminó con cera fosforescente. Dejé caer los libros en el suelo y empecé a caminar esquivando las luces parpadeantes. Sonreí. Sabía que ella tramaba algo.

Al entrar a la cocina mis sospechas se vieron confirmadas: Julia estaba desnuda en la mesa de la cocina. Sus piernas largas brillaban con la tenue luz. El cabello desordenado que tanto me gustaba, le cubría los hombros y parte de los senos. Se veía indefensa, sublime, con la perfección precisa que me enloquecía. Sonrío y sus ojos ámbar brillaron con la intensidad que le caracterizaba.

Cuando intenté dar un paso ella hizo un movimiento con la mano indicándome que me detuviera, instintivamente obedecí. Estiró su mano tomando uno de los hielos que había dispuesto en un plato y empezó a recorrer su cuerpo con el; mientras tanto, yo inmóvil en la puerta veía cómo los escalofríos provocaban reacciones corporales, sus gestos, la forma en que mordía su labio inferior para excitarme, los tímidos gemidos que apenas se escuchaban.

No pude detenerme más. Me quité el saco y la corbata como pude, me acerqué y ella me abrió la camisa arrancando los botones. Sus uñas hicieron pequeñas heridas en mi pecho. Rodeó mi cuerpo con sus piernas y pude sentir sus pezones en mi piel, olía a fresas. Jalé su cabello mientras ella mordía mis hombros. Parecía furiosa. Un par de ocasiones detuvo todo nuestro teatro para mirarme, me alejaba de su cuerpo y me observaba con esa mirada lasciva que solía lanzarme de vez en vez; era desquiciante la forma en que lo hacía, como si deseara mi cuerpo en realidad, como si le pareciera atractivo y sensual. A veces me dolía esa mirada.

Pasamos horas jugando a la víctima y el victimario, cambiando de roles una y otra vez, fuimos tan lejos como nunca antes; la sangre corría por mi camisa a medio quitar y la suya por la mesa.

Terminé en su espalda, sintiendo su respiración, jugando con su cabello, haciendo dibujos con el chocolate que había preparado para la ocasión. Cuando la levanté para llevarla a la habitación, abrió los ojos y dijo que me amaba. Aún lo dudaba.

Desperté una hora después al escuchar el sonido de la puerta al cerrarse, quise abrazarla pero el espacio de la cama en que debía de estar su cuerpo se encontraba vacío, en su lugar encontré una nota:


“Voy a caminar un rato, si deseas alcanzarme estaré en el parque. Te amo. Julia”


Sonreí con tristeza, como siempre que ella decía que me amaba. Una parte de mí quería creer en sus palabras, pero la otra estaba segura de que Julia nunca me había amado ni me amaría.

Me vestí y salí con lentitud rodeando los restos de cera esparcidos por el piso. El frío de la noche me recibió con todo su esplendor y el sonido del viento me hizo evocar el día en que Julia y yo habíamos decidido casarnos.


“Para mí el tiempo no es tan subjetivo como para ti”, le dije, “quiero que nos casemos y compartas el resto de tus días conmigo”. Julia sonrío con determinación, su sonrisa perfecta aceleró mis latidos y me hizo olvidarme por un momento del frío que inundaba el parque en que nos encontrábamos. “Acepto, nada sería más perfecto que estar contigo para siempre” contestó mientras por su rostro blanco pasaba un dejo de tristeza casi imperceptible.



Aceleré el paso mientras apretaba los puños, el frío dejo de importarme. Así era la vida con Julia: pasar de la dicha sin término al dolor sin remedio. Y es que… me dolía, me dolía saber que nunca a pesar de los años que llevábamos juntos había conseguido tenerla por completo. Siempre habría una parte de ella que no poseería, siempre habría algo de mí que ella no alcanzaría a comprender.


“No puedo creer que no me entiendas, para mí es una necesidad, tener un hijo ha sido uno de mis mayores deseos” Me gritó una noche. “Julia, quien tiene que entender eres tú, un hijo es una responsabilidad muy grande y yo no me siento capaz de sobrellevarla” Repliqué en tono calmado. Ella me miró con furia, el ámbar de sus ojos brilló con tal fuerza que estoy seguro de que mi respiración cesó por segundos. Se dio la vuelta y entró al cuarto dejándome en la mitad de la sala sin saber que hacer, esa discusión jamás volvió a repetirse.



Un dolor en la pierna me hizo detenerme. Humillado me recargué en un muro. Mi respiración agitada dejaba entrar la humedad del ambiente y esta lastimaba mis pulmones. “El pequeño precio por desafiar al tiempo”, pensé con amargura.


“Mírame Leonardo, a quién debería importarle es a mí, ¿no es verdad? Y no me importa, sería una estúpida si te perdiera por una cosa tan trivial como esa”. “Tú no entiendes porque no estás en mi lugar, ¡eres tan hermosa!, lo has sido desde siempre. A veces pienso que me voy a condenar, que voy a tener que pagar un precio muy alto por estar contigo” Le dije mientras apretaba los puños y miraba hacia otro lado. Ella tomó mis manos. Me aparté con brusquedad, por un momento esas manos pequeñas y blancas, de una suavidad casi infantil habían traído a mi memoria recuerdos que ansiaba olvidar.


Aspiré hondo, las calles estaban desiertas a esa hora, sólo unos cuantos autos interrumpían el silencio. “Sólo a ella se le ocurre salir a esta hora”, pensé mientras reanudaba mi marcha. El espíritu de Julia siempre había sido aventurero. En todos los recuerdos que tenía de ella siempre estaban sus ojos ámbar brillando con determinación, dispuesta a todo por conseguir lo que deseaban.


“Tienes mucho tiempo Julia, para tener un hijo; ¿por qué todo debe ser tan rápido para ti? Es como si no tuvieras todo el tiempo del mundo. Nadie te apresura…”. Ella agachó la mirada y suspiró, tardó mucho para responder, vi una gota caer al suelo y me sentí culpable. “Nunca entenderías esto que siento, si dejaras de buscarle explicación a todo y te limitaras a sentir, a conocer una emoción, a experimentar un sentimiento, si dejaras de usar la ciencia para justificarlo todo; tal vez así, entenderías la razón de mi prisa.” Nunca creí nada de sus ‘presentimientos’, decía que necesitaba tener un hijo, que no podía esperar, que ‘sentía’ que era el momento adecuado. Le expliqué mil veces, pero era una niña, necia y terca como una niña.


-¡Leonardo!- Gritó desde el otro lado de la calle.

Algo aturdido aun por el dolor en la pierna la vi dirigirse hacia mí. Los ojos de Julia se clavaron en los míos segundos antes de caer en medio de la calle. Ignoré cualquier otra sensación en mi cuerpo y corrí hasta ella, la levanté y empecé a hablarle, a tratar de despertarla, fue inútil.

Mientras veía su rostro palidecer aún más, recordaba aquel momento en que la vi nacer, la tensión que había en la habitación, la sangre que emanaba ahora de su boca, parecía aquella que cayó sobre mi pantalón y mi bata, mientras los doctores me daban instrucciones de cómo sujetar al ‘producto’ y lavarle el rostro y la boca.


“¡Leonardo, toma el producto, si no pesa lo necesario déjala y atiende a la mujer!” El hospital era claro, si ‘el producto’ no pesaba lo establecido, debíamos ignorarlo y dejarlo morir, de lo contrario costaría demasiado y no sería conveniente. Julia pesaba diez gramos más de lo necesario, podía atenderla y así lo hice. Su madre murió.


Julia empezó a temblar, sabía que la estaba perdiendo, que nada podía hacer para detenerla, que de poco servía aquel papel firmado por testigos señalando que era mi esposa, no importaba que yo la hubiera resucitado al nacer, nada de eso era relevante si en ese momento, ella se estaba escapando tan fácilmente.

De pronto abrió los ojos y apretó mi mano entre las suyas, “siempre te amé” dijo mientras la sangre manchaba sus labios. La abracé fuerte y lloré, de la misma forma que había llorado ella hacía veinte años al nacer.


“¡Lo hiciste Leonardo! ¡Está respirando! ¿Qué dosis utilizaste? ¿Fue via intravenosa o por el cordón umbilical? Sabes que es más sencillo utilizar el cordón verdad, claro que lo sabes, serás un buen médico. ¡Mira cómo llora! ¡La salvaste! Algún día sabrás lo que acabas de hacer, te daras cuenta la magnitud de tu obra. Has salvado una vida y en este negocio, es lo más valioso. ¿Es una niña? Entonces, si lo analizas, has salvado más de una vida.”



Esta historia participa actualmente en el Proyecto Antology 26 del foro Ciberanika
Escrito con Perla Guijarro

jueves, diciembre 27, 2007

El Escarabajo de Stoker

El Escarabajo de Stoker

Ahora que lo veo sentado de esa forma rercuerdo algo que me pasó aquí, en este mismo autobús, se que es el mismo porque recuerdo cada detalle de las cosas, además, esa estampa de la vírgen adornada con lentejuelas está en la misma posición de siempre.




Su nariz casi tocaba la amarillenta página de su libro. Aquella figura encorvada con el cabello en la cara y los lentes gruesos resbalando le dio otro giro a mi día.

Empujé a un hombre que intercambiaba canciones por dinero y me senté al lado de ella. No notó mi presencia. Supuse que el tal Stoker debía ser tan interesante como para atrapar la atención por completo de ese Escarabajo; la impresión que tuve desde que la vi; me recordó los escarabajos que salen en las películas de Egipto, esos que se meten entre tu piel y te carcomen por dentro. Acomodé un poco mi cabello, el día lluvioso lo había terminado de despeinar. Ella se arrinconó aún más a la ventana y acomodó la enorme chamarra que la cubría.

De pronto, la inerte figura empezó a moverse discretamente, pude ver 'La Madriguera del Gusano Blanco' bailar por el espacio frente al escarabajo, no comprendía qué estaba pasando, pero después lo noté: una gotera en el autobús. ¡Y ni siquiera con la gotera sobre ella, quitaba su rostro del libro! Empecé a odiar al para mí desconocido Bram Stoker. Era gracioso verla evitar la gota constante. Se movía a la izquierda y pegaba el libro al cristal, después lo levantaba a la altura de su frente, la gota también se divertía con ella, siempre caía en un lugar diferente. La gota ganó y ella guardó el libro en una bolsa de su chamarra.

Me preguntaba qué haría ahora, ya no podría esconderse del mundo dentro de las páginas. Fue cuando vi su rostro. Era triste verla. Tenía el cabello alborotado enmarcando una cara delgada, con varios lunares cerca de sus ojos, parecían pecas, pero eran lunares. No era bonita. Su mirada estaba perdida en las calles, miraba a la gente, pero de una forma bastante extraña.

Mi terminal había pasado unas cuadras atrás, no me importaba. El pequeño Escarabajo me tenía en sus antenas, ¿o son tenazas? No importa, el punto es que me tenía atrapado, estaba escarbando en mi piel y corría peligro de que se metiera profundo.

Empezó como un bicho que era, a escarbar dentro de su bolso; sacó un celular rojo con teclas negras, después un grupo de cables enredados entre sí, salieron lápices, un botón de The Doors con el que se pinchó un dedo, dedo que instintivamente llevó a la boca para succionar la sangre, bien, tal vez solo para evitar el dolor. Junto a los objetos que venían enredados en los audífonos, se le cayó un paquetito de plástico rosa. ¡Era mi oportunidad! Me agaché lo más rápido que pude y tomé la bolsita un poco mojada por el agua de la gotera; fue muy tarde cuando me percaté de lo que contenía esa bolsita rosa; y de lo embarazoso de la situación. El Escarabajo encogió los hombros y su rostro se manchó de un pálido color rojo. Le sonreí. Su boca se movió ligeramente y metió el objeto en un pliegue de la bolsa. Murmuró algo, supongo que 'gracias'.

Me recargué de nuevo en el asiento, sería imposible hablar con ella, era demasiado callada. Su especie no habla, los escarabajos solo comen la piel de los faraones, como un castigo divino. ¡Sí! Eso era ella, un castigo divino, probablemente un Dios estaba molesto conmigo; creo que yo no era exactamente la criatura más noble de la tierra, era bastante caótico en mi existir, pero eso no importaba. Ese Escarabajo era mi castigo.

Minutos más tarde cobró vida, se quitó los audífonos y enredados los metió a la bolsa que casi no se podía cerrar y empezó a revolverse en el asiento. Me lo imaginaba, ya iba a bajarse. ¡No podía permitirlo, la iba a perder para siempre!

Hizo una seña con su mano para indicarme que me quitara porque debía bajar, estaba titubeando, pero al fin lo hice. Pensé en bajarme, pero sabía que no podía seguirla. Me quedé sentado viendo cómo el Escarabajo oculto tras la enorme chamarra caminaba bamboleantemente por el pasillo del autobús. Bajó sin mirar atrás. Entró en una calle sucia y giró de inmediato. La había perdido.



Al día siguiente dejé que varios autobuses pasaran antes de subirme, quería que mi reloj marcara la hora exacta en la que el día anterior había abordado. Así lo hice. Busqué con la mirada en cada asiento, pero ella no estaba. El bicho quizás estaba en su madriguera; ¡como aquella novela del gusano de Stoker!

Pasaron varias semanas y el bicho no apareció. La necesitaba. Me estaba carcomiendo un brazo entero ya.

En esos días había visitado la biblioteca local y conseguí todos los ejemplares que tenían del irlandés; los leí completos, navegué en un barco con un vampiro dentro, compré varias mangostas y fuí asechado por ratas... pero no encontré pistas que me ayudaran a ver nuevamente al Escarabajo.

Pero claro, en un pueblo pequeño como el mío, todos se vuelven a encontrar.

Era martes, no importa, ya lo sé, pero me gusta recordarlo. Estaba cayendo una fina lluvia y después de unos segundos un montón de hielos, corrí para alcanzar el autobús. Entré y pagué al chofer, me di cuenta que me faltaban dos monedas para completar. Suspiré. De pronto, una pálida y huesuda mano dejó caer el par de monedas en la regordeta y peluda del chofer, éste sin inmutarse me dió el boleto y me obligó a caminar.

No hace falta mencionar que era ella, el Escarabajo, quien había pagado mi pasaje. Regresó a su asiento y me miró suplicante. Me senté a su lado. Ésta vez era yo quien sostenía un libro de Stoker, ahora que lo recuerdo quizá por eso capté su atención ¡maldito Stoker!

Miraba fijamente sus rodillas, o ¿debo decir sus patas? No importa. No quería verme a los ojos. Me sentí de pronto con el derecho de analizarla, así que la miré detalladamente, su cabello seguía alborotado, su boca pequeña y entreabierta dejó al descubierto unos pequeñísimos dientes blancos. Tenía lunares por todo su cuello, pero la chamarra le tapaba parte de él. Era muy delgada y baja de estatura. Me tomó la mano y no la soltó hasta que debió bajarse. Obviamente bajé con ella.

Entramos a una casa pequeña, parecía deshabitada, todo estaba cubierto por una fina capa de polvo y los objetos más usuales se veían como nuevos. Cerró la puerta cuidadosamente y tapó bien las ventanas; cuando verificó todo, se quedó frente a mí y se quitó la enorme chamarra. Llevaba puesta una camisa vieja y rota, pero eso no era lo importante. Sus brazos y cuello, estaban cubiertos por una fina capa de vellos, no estoy seguro, pero eso parecía, no me malinterprete, no eran los mismos vellos que el chofer tenía en sus manos, sino algo diferente, gruesos y brillantes, que parecían moverse por voluntad propia. Me asombré menos de lo que esperaba. Inesperadamente se hincó frente a mí, jaló mi pantalón indicandome que la imitara. Lo hice, claro está. Cruzamos la sala gateando, cabe aclarar que ella lo hacía mucho más natural que yo. Llegamos a un punto en el centro de la casa y ella empezó a oler el suelo, la madera estaba roída, había mordidas y arañones. Ella entró con facilidad. Yo la seguí, resbalando en varias ocasiones.

Es cierto que había un foco con una larga extensión, pero también es verdad que ese foco tenía miles de bichos a su alrededor, por lo tanto la luz era mínima. Estando dentro me enseñó una curiosa colección de objetos. Eran chucherías de las que encuentras en la calle. Pedazos de ropa, celulares rotos, espejos, trozos de vidrio, recuerdo haber visto una lámpara de mano casi en perfecto estado.

De otro lado de la cueva, el Escarabajo permanecía sentado mordisqueando algo, me acerqué con tranquilidad, ella me había demostrado que no era agresiva, solo un poco rara. Extendí mi mano para que me invitara su comida, sus vidriosos ojos recorrieron el lugar varias veces y se escuchó un sonido que no he podido olvidar aún.

Me tapé los oídos mientras mis sentidos empezaron a alertarme, algo sucedía. Millones de bichos empezaron a salir de los rincones. Había cucarachas de todas formas, de las voladoras y de las que no gustan del aire; también aparecieron arañas patonas, gordas, con grandes pinzas en la cabeza, con colores brillantes y opacos; los gusanos venían también pero más lentos claro está. Abejas salieron y me rodearon, sin embargo, ninguno de los bichos me atacó. Esperaban su orden. No, no es verdad, eso sería estúpido e infantil; creo que estaban analizándome.

Después de unos instantes, los bichos retrocedieron, regresaron sobre su huella de baba transparente o se colgaron en sus redes, creo que una cucaracha revisó mi oído completo porque salió de él un poco cansada.

Fue entonces que me compartió su comida. Era un trozo de carne, se veía jugoso y fresco, como recién cortado. No era vaca ni cerdo, quizá era borrego, nunca había comido borrego. Empecé a masticar fascinado por las gotitas de sangre que rodaban por mis dedos, cuando de pronto mastiqué algo duro, con delicadeza y discreción lo saqué de mi boca. Era un arete, sí, un arete de los que usan en el ombligo algunas personas.

Claro, soy un humano, aún, así que me alteré y trepé por el agujero como si el diablo mismo estuviera persiguiendome. Llegué a mi casa y me encerré varios días. Pero al cabo de un tiempo la empecé a extrañar. Fuí a buscarla. Abrió la puerta emocionada, sus dientes se incrustaron en mi hombro, pero rápidamente se controló y agachando la cabeza se disculpó. Pasé y cuidadosamente bajé por el agujero, ahora lo hago en un santiamén; no estaba seguro qué era el Escarabajo, si un humano mutando a otra cosa o un bicho con volviéndose humano, sin embargo me sentía agusto a su lado. Me ofreció varias veces comida antes que aceptara de nuevo, después lo vi como una extravagancia culinaria y nada más.



Hace cuatro años de tales sucesos. Sigo bajando el pozo cada vez que quiero, los demás insectos, quise decir, los insectos me miran y conviven conmigo, mientras que mi Escarabajo ya ha aprendido a besarme sin provocarme heridas, ahora podré enseñarle otras cosas.

Por cierto, éste es el lugar en el que solía viajar el Escarabajo a mi lado cuando íbamos a buscar la cena. ¡Pero no se me ponga pálido hombre! Ya cenamos hoy, pero mañana vendrán sus padres a conocerme y pues… usted entiende, tenemos que ser buenos anfitriones. Ahora despídase de su hijita y camine por favor.

¡Bajan!



Este relato participó en el P.A.25
del foro de Ciberanika

La directriz fue: Autobús

solo un suEño

Metáforas matando sueños,
humanos reptando por mi rostro
carcomiendo mi fe

grotesco pensamiento
vive de mis errores
hurgando en mi sombra

morir para no soñar
soñar para morir
descubrir que nada es real

quédate sobre mi
reloj girando sin manecillas
dirige mi ausencia

miércoles, diciembre 12, 2007

Aviso:

Pronto actualizaré.

viernes, noviembre 16, 2007

otra más....

jueves, noviembre 01, 2007

happy hallowEEn




Pues un día genial en compañía de gente seleccionada: Perla, mi buen clon; Carlitos, un excelente nuevo amigo y por supuesto Marte, mi amor, un encanto de hombre.

happy hallowEEn

saucE II

y la nochE Explotó dEntro de mí
bajaron dEmonios dEl ciElo
sE EnrEdaron En mis piErnas
abrazaron pasionEs fálicas
inExistEntEs adagios dE un fin
conmovidos insEctos atacando mis manos
profunda herida bajo las sábanas
convulsiona mi viEntrE antE tí
incubo bendito inmolando mi piel
finaliza tu obra
el retrato de tu tragedia está en tus labios
y mis yagas exigen que permanezcas
lunas desgarradas tus ojos
maldito cielo que nos condEna
benditas tus garras acariciando mi tristeza
oceano de soledad entre nosotros
uniendo tu perdición con mi fe
y el día explota sobre tí
desvistiendo tu ropa
confundiendo mi lucidez
te espEro al alba
junto al sauce muerto
donde te invoqué aquella vez.

miércoles, octubre 31, 2007

nochE dEl diablo

y siguEn las arañas rEptando En mi Espalda
aquElarrE pErfEcto dE vocEs
ausEntEs plEgarias
vibrantEs sonEtos

fantasmas hEridos por la indifErEncia
nochEs sin luna

luna sin unicornio
vEladas bajo un saucE muErto

acompañadas por sangrE dE pEcados jamás cumplidos
condEnas y cadEnas
bailando tu piEl rompE mis uñas

caos arrastrando mi cuErpo
tras los ojos carmEsí
bajo colmillos frágilEs quE lloran
cadEras Ensimismadas por Él
sE muEvEn Entre llamas gélidas
y austEras miradas
cuErnos y garras rEzando por tí
baila y olvida
siEntE y acEpta
sacrifica tu alma
por un sEgundo dE placEr
vEn
tE ofrEzco mi alma
dEja mi cuErpo no Es útil antE tí
vEn
roba mi aliEnto
bEbE dE mis labios la pasión corrupta
vEn
dEvuÉlvEmE a tí